Ouroboros

Desperté de nuevo en aquella horrible habitación acolchada. Notaba cierto picor en el cuello pero me fue imposible aliviarlo. Seguía teniendo aquella camisa de fuerza bien apretada. Nunca había intentado nada violento, no le veía el sentido a aquello. Al igual que tampoco lograba entender porqué debía llevarla en todo momento. ¿Qué clase de sociedad encerraba a la gente con conocimiento? Mientras cavilaba en mis pensamientos, Edgar y James irrumpieron en mi mullida habitación. No eran sus nombres reales, pero me gustaba recrearme inventando historias sobre ellos en todas esas horas muertas. Cómo al llegar a casa se abrazaban con sus viriles brazos sollozando y compartiendo los horrores que vivían en aquel lugar cada día. O quizás haciendo barbacoas con sus distantes mujeres y mundanales vecinos para camuflar el amargor que arrastraban consigo y que no dudaban en compartir tan afectivamente cada día cuando venían a visitarme. Aquella incursión significaba que había llegado la hora de mi cita diaria con el Doctor Fischer. Doctor… Cuán irónico se me hacía siempre aquel ostentoso título.

— Buenos días, John. ¿Qué tal has dormido hoy? ¿Sabes en qué año estamos?

Así empezaba siempre. Como un mantra escupido sin ningún interés.

 

Desde que tengo uso de razón, nací maldito con la extraña habilidad de recordar cada vida pasada como si todas ellas fueran una sola. Había sido hombre, mujer, asesino, víctima, famoso e insignificante… Distintas carcasas pero en el fondo la misma esencia. No fue nada fácil, la verdad; tras innumerables muertes prematuras, tuve que aprender sobre la marcha para sobrevivir en este mundo demente, pues por fuerte que sea el vínculo de una madre con su hijo, cuando este empieza a hablar desde que nace, rara vez el amor vence al miedo y la pobre criatura apenas llega a cumplir el año de vida. Tuve que adaptarme y mentir vilmente para subsistir. Usaba mis experiencias pasadas para darle más verosimilitud a mis tretas. Aprovechaba las ventajas y desventajas del cuerpo, familia y sociedad en los que había nacido para intentar aprender más sobre lo que me pasaba. Si había más gente como yo, si había alguna forma de pararlo, algo, lo que fuera…

 Por desgracia, nunca llegué a nada concluyente y con cada nuevo inicio, todas esas memorias acumuladas se me iban haciendo cada vez más y más pesadas hasta el punto de sobrecargarme. Es como intentar atravesar a nado un ancho y profundo río con cadenas de plomo ancladas en el cuerpo y en el alma. Llega un punto en que los recuerdos se mezclan con las mentiras y solo te queda lanzarte al placer silencioso de las drogas en todas y cada una de sus variantes. Evadirse hundido en el tedio insufrible de este lastre del que no logro desprenderme. No obstante, mis recuerdos empezaban siempre en mi tierra natal. Una civilización que nunca apareció en ningún mapa o libro. Una antigua comunidad que desapareció de la noche a la mañana sin dejar rastro. 

 

—Estamos a 13 de abril del 2018, y todo bien gracias. Aunque esa medicación que me das no es lo suficientemente fuerte, me temo.

—Llevamos ya doce años de tratamiento y sigues sin ninguna mejoría. En breve me quedaré sin opciones para poder ayudarte.

—”Un pájaro nacido en una jaula, cree que volar es una enfermedad”.

—Tu frase favorita. Hoy has tardado poco en decirla. ¿Sabes que no es real todo lo que narras, verdad? Te escudas en tu maldición para evadir el problema. Háblame de tu esposa. ¿Cuándo la viste por última vez? ¿Lo recuerdas?

 

Cuando el doctor Fischer se sentía atacado o frustrado siempre sacaba el tema de mi ex-mujer actual. Es curioso como con el paso del tiempo y las vidas, el amor tradicional y monógamo pierde todo su sentido. Es solo una droga más a la que aferrarse para evadirse y hacer como que todo tiene sentido.

—La última vez que la vi fue aquel día en que fuímos a hacer rafting al río y desapareció —repetí una vez más siguiéndole el juego.

—Cuéntame de nuevo. ¿Qué pasó exactamente ese día?¿Iba a dejarte? ¿Estaba embarazada? ¿Cómo pudo perderse si ibais los dos juntos en la canoa? Me interesa que hagas especial hincapié en tus sentimientos al respecto.

—Sentimientos…Cuando acumulas tantas vidas, se convierten en una simple palabra. Carecen de sentido. Son solo etiquetas que usas para catalogarme como a un objeto más de ese hermoso libro tan gordo que tanto ojeas. Qué poco avanzados estáis después de todo este tiempo…Y sobre todo cuán desproporcionado tenéis el ego. ¿Qué conseguís reteniendome aquí contra mi voluntad?

—Suficiente por hoy. Sigues sin colaborar.. .—Cerró su cuaderno. Podía oler su frustración desde el otro lado de la habitación—. James, proceda a inyectarle doble dosis hoy. 

Desperté de nuevo en aquella horrible habitación acolchada. Esta vez no me picaba el cuello, pero sufría una fuerte migraña. ¿Estaré loco de verdad? ¿Cómo puedo recordar todas estas vidas? ¿Tendrá Fischer razón? ¿Me lo invento todo para evadir la culpa y el dolor? ¿Qué le habrá pasado a mi ex-mujer? ¿Existía acaso? Si estaba loco, ¿cómo es que puedo hablar 17 idiomas tan fluidamente incluyendo sus dialectos? ¿Cómo puedo almacenar conocimientos avanzados en tan diversos ámbitos de la ciencia? ¿Qué clase de crimen pude haber cometido para verme sometido a tan vil tortura? Atado y drogado viendo como se me consume esta vida. No volveré a mencionar esta maldición. Si en otra vida me volvieran a encerrar en un sitio parecido… solo espero que por lo menos la psicología y la farmacología hayan avanzado lo suficiente para que me toque un doctor competente.

“It isn’t easy for me to let it go
Cause I’ve swallowed every single word
And every whisper, every sigh
Eats away this heart of mine
And there is a hollow in me now”

Domingos y Unicornios

Era un domingo como cualquier otro. Sin alarmas, sin prisas, sin expectativas. No sé qué hora sería, pues aún estaba todo bastante oscuro, pero decidí levantarme dejando atrás aquella cama. Me desperecé lenta y meticulosamente mientras él yacía dormido a mi lado, desnudo y encogido como un ovillo de lana. Se veía en su cara el placer y la inocencia de un sueño placentero, profundo y reparador. Conociéndole, aún le quedarían varias horas hasta que empezara a dar señales de vida.

En riguroso silencio, me deslicé hacia el comedor a observar por la ventana. Ninguna señal de vida en aquel tranquilo vecindario. Ningún coche, ningún pájaro, ni siquiera las briznas de hierba se movían. Satisfecho pero aburrido por la quietud, puse rumbo a iniciar mis rutinas matinales. Un poco de yoga, algo de meditación, mi cita ineludible con mi tránsito gastrointestinal y mi posterior sesión prolongada de aseo y cuidado personal. Para cuando hube acabado, ya empezaron a salir los primeros rayos de sol. Él seguía inerte en nuestro lecho pero boca arriba y con media pierna peluda fuera del edredón. No tenía pinta de querer despertar.

Sediento, decidí ir a la cocina, que en aquel piso tan pequeño resultaba estar justo frente a la cama. Tomé un poco de agua y volví a desperezarme lenta y metódicamente. La verdad es que tenía bastante hambre pero no encontraba nada de mi agrado en aquella diminuta barra americana. Me puse frente a su taza favorita, una colorida y robusta llena de unicornios y arcoiris. Intenté llamar su atención haciendo ruido, pero no parecía darse por aludido. El hambre empezaba a ser insoportable, así que decidí actuar.

Empujé sutilmente la taza hasta el borde de aquella resbaladiza y diminuta barra y observé, a cámara lenta, como ésta iba rotando en el aire hasta estallar ruidosamente contra el suelo desperdigando trozos de aquella colorida porcelana por toda la habitación.

Él se levantó sobresaltado. Yo, en cambio, le miré con tiernos ojos hambrientos ronroneando, esperando a que nuestras miradas se cruzaran para decirle, mientras removía mi tazón metálico, uno de mis más inocentes “Miau”. 

PRINT Himalayan Cat Eyes Kitten Art Oil Painting Home Decor / | Etsy

“I like it when you take control
Even if you know that you don’t
Own me, I’ll let you play the role
I’ll be your animal
I’m only good at being bad, bad”

Tonos, Atmósferas y pies fríos – Escritura Creativa

Seguridad en la oficina - YouTube

Antes de poder dejar la chaqueta colgada en la silla, un insoportable sonido redundante me hace entrar en trance y activar mi modo autómata.

–Auchan, ¿dígame? –escupo inconsciente sin intención alguna de querer captar ningún mensaje. Mi interlocutor grita en otro idioma una verborrea rabiosa exigiendo que su afrenta sea desmesuradamente compensada. Asiento y escucho impasible mientras mi mano garabatea sin mi permiso en un post-it para recordar que en algún momento mi yo del futuro deberá solucionar todo aquel fingido agravio. Mientras tanto, oigo mi voz, rebelde pero astuta, repitiendo las últimas palabras de las frases de aquel furibundo agresor en fingida escucha atenta para reconfortarle exaltando la falsa jerarquía que nos separa y a su vez que tanto le enaltece. Sin embargo, tras aquella lamidita psicológica, el tono de la conversación se rebaja y se despide con un amigable “Que tengas un buen dia, un abrazo”. –Igualmente,– le contesto sonriendo como si pudiera verme. – Puto gilipollas,– añado una vez colgado el teléfono. 

Se crea un pequeño vacío tras aquella llamada, como si mis sentidos se desconectaran por unos segundos en señal de rebeldía, como si intentaran avisarme de que no hay nada ahí que merezca la pena percibir. Pero al poco vuelven a activarse paulatinamente. 

El primero, el paladar, reclamando la sustancia negruzca y amarga que me da la vida día tras día a esas tan intempestivas horas.

El segundo, la vista, perdiéndose en mis tres plantas que me rodean. Observando embelesado cada tallo, cada hoja, cómo se mecen todas ellas en las vibraciones y cómo crecen absorbiendo todo aquel veneno que se acumula aportando los únicos tonos verdes y vivos a aquel entorno lúgubre y artificial. Entre todo ese verdor me pierdo y me recreo, creyéndome libre en medio de aquella naturaleza encapsulada, creciendo indómita por más que la maltraten.

El tercero en reconectar es el oído, identificando las cinco conversaciones simultáneas en distintos idiomas que se están llevando a cabo a escasos centímetros de mí. Todo entremezclado con el sonido de los otros posibles veinte teléfonos sonando con sus respectivas posibles conversaciones posteriores y de lejos, en repetición constante, la indomable impresora escupiendo hojas en rítmicos intervalos como recitando incansable un mantra que en mis oídos parece decir: “Hu-ye-de-a-quí. Hu-ye-de-a-quí”

Por último, el más cruel, el tacto hace mella en mí. En apenas diez minutos, percibo mis pies entrando en un severo estado de hipotermia inducido por la extrema humedad de la pared que tengo a mi vera. Los levanto del suelo, trato de ejercitarlos, pero todo en vano. Nada parece resucitarlos, y siento como solo el ardiente héroe de amargo negror puede devolverles su ya casi extinta vida. 

En los océanos de mi incomodidad me pierdo, intentando flotar con esfuerzo, apartando las montañas de post-its que se acumulan ya sin darme apenas cuenta. Reúno determinación y decido levantarme y ponerme de nuevo el abrigo.

–Me voy a por un café. Ya volveré .–Digo en voz alta sin dirigirme a nadie en especial.
–O no, ya veré  –Se me escapa irreverente en voz baja.

“You want a hot body? You want a Bugatti?
You wanna live fancy? Live in a big mansion?
Look hot in a bikini? You better work bitch…”

 

Ejercicios de Estilo – Escritura Creativa

Relato original

Agazapado en la esquina, dentro del armario, observo a través de la rendija, el juego de luces y sombras que acontece en mi habitación.

A intervalos de tres segundos, oigo ruidos subiendo por las escaleras que dan a mi cuarto. Los oigo rítmicos, pausados, como si algo denso y pesado se arrastrara con esfuerzo entre los escalones. Percibo suspiros y jadeos, pero no logro discernir si son míos o de aquel ser. De pronto, noto humedad y un olor acre visceral que invade toda la estancia. 

Los gemidos son ahora ya cada dos segundos. Poco a poco siento su presencia cada vez más cerca, y mi cuerpo, rígido y tenso, no puede dejar de sudar. Ansío cerrar los ojos y taparme los oídos como si eso fuera a volverme invisible, pero algo turbio y oscuro me impide apartar la mirada de aquella diminuta línea morbosa llena de ininteligibles formas.

El ruido pasa a intervalos de un segundo y percibo esbozos de algo metálico rozando el parquet entremezclado con los gemidos. Mi corazón late ahora desbocado y mis manos descontroladas, me pegan tirones en el pelo presas del pánico y la ansiedad.

 

Ciego y mudo

Agazapado en la esquina del armario, escucho impertérrito lo que acontece en mi domicilio.

A intervalos de tres segundos, percibo ruidos subiendo costosamente las escaleras que dan a mi habitación. Son rítmicos pero pausados, como si algo denso y pesado se arrastrara con esfuerzo entre los escalones. Distingo suspiros, jadeos y lejanamente algo metálico y tosco sesgando la moqueta que cubre los escalones. No logro identificar su naturaleza, pero emana una sensación de humedad y un olor fuerte acre y visceral.

Los gemidos son ahora cada dos segundos, pero sea lo que sea aún no ha logrado entrar a mi habitación. Con suerte decidirá pasar de largo.

Por desgracia, no es así, los ruidos pasan a intervalos de un segundo y noto que ya está dentro de mi cuarto. Mi corazón comienza a latir tan fuerte y descontrolado, que apenas puedo oír nada más. 

 

Vox

Escondido debajo de mi cama, agarro con fuerza mi rosario de la Virgen de Guadalupe implorándole que me proteja en su inconmensurable misericordia.

A intervalos de tres segundos, percibo ruidos de algo subiendo por las escaleras que dan a mi cuarto. Los oigo rítmicos pero pausados. Seguro que es algún rojo bolchevique o un maldito inmigrante deseando robarme todo lo que poseo. Estará frotándose las manos con avaricia el muy cabrón mientras profana mi hogar. De pronto, percibo una humedad y un olor acre visceral que invade toda la estancia. Igual es un sodomita empapado en sudor y flujos varios atraído por mi rectitud, banderas y opulencia. Esos cabrones invertidos no respetan nada!

El alboroto pasa a ser cada dos segundos, poco a poco noto como está más y más cerca del arco de mi puerta. Mi cuerpo, rígido y tenso me impide reaccionar. Salvo mi vejiga y esfínter, que echan a volar.

-¡Esto con Franco no pasaba!- Sollozo impotente esperando mi destino.

 

Drama hollywoodense

Joder, joder, joder!!!! No puede ser!!! Soy muy joven para morir, me cago en dios!– Gritaba desconsolado el quarterback mientras corría aleatoriamente por su habitación.

He llamado a la policía, al F.B.I. y al ejército! Aléjate de mi! Saben que estás aquí! Huye mientras puedas! Me oyes?? Puta cosa del inframundo!!!?? Me estás oyendo??? No te lo vuelvo a repetir!! Voy armado hasta las cejas!! En cuanto te asomes te vuelo la puta cabeza!!! -Amenazó histéricamente sabiendo que todo era mentira. El poker nunca se le había dado demasiado bien. Aquella cosa seguía avanzando pesadamente y la tenía cada vez más cerca-

A la mierda, no pienso quedarme aquí esperando a que me atrapes– Dijo mientras cogía carrerilla para saltar por su ventana y huir lejos de ahí.

 

Millennial

Agazapado en la esquina, dentro del armario, espero silente mi inefable destino.

A intervalos de tres segundos, oigo ruidos subiendo por las escaleras que dan a mi cuarto. Los oigo rítmicos, pausados, como si algo denso y pesado se arrastrara con esfuerzo pero imparable entre los escalones. 

Debe ser sin duda, la maquinaria capitalista neoliberal falocentrista heteropatriarcal, binaria cisgenero y antidemócrata que viene a aplastar mis ideales y convicciones ahogándolas en sus prejuicios, etiquetas y preconceptos adquiridos en nuestra cultura base..

Los crujidos son ahora cada dos segundos. Poco a poco siento su presencia cada vez más cerca y mi cuerpo, rígido y tenso, no puede dejar de sudar y pensar por sí mismo. Ansío cerrar los ojos y taparme los oídos, como si eso fuera a volverme uno de ellos, ciego y sordo frente al mundo que compartimos, pero algo turbio y oscuro me impide ejecutar mi falso mimetismo para salvar mi vida.

El ruido pasa a intervalos de un segundo y percibo esbozos de algo metálico rozando el parquet entremezclado con los gemidos. Deben de ser sin duda las facturas que se me acumulan, la hipoteca que no mengua, el reloj biológico que se dispara, la presión social para crear descendencia y el paripé del casamiento, las obligaciones de mi mal pagado puesto de trabajo y su horario dantesco, el agotamiento físico y mental por mantener un stress innecesario como hábito de vida y quizás también los que le ponen piña a la pizza… Estos últimos son sin duda los más peligrosos…Malditos sean todos ellos!

 

“Oh, colorless
Don’t wanna spend my life in passive depression
I’m just gonna go with the flow, doin’ nothing at all
Doin’ just what I want”

Sombras y humo

Entre las sombras me muevo,

Deambulando en silencio,

Observando y vagando

Entre penumbras y asfalto.

En qué clase de mundo me hallo?

Que dos manos unidas caminando

Generan miradas, comentarios y odio?

En qué clase de mundo me hallo?

Que un color de piel o sexo

Generan estigmas y agravio?

Cuándo lo débil se tornó un fallo?

Quién nació con la fuerza inmanente?

Cuándo el afecto y el amor se convirtió en ofensa?

Quién nació con esa creencia?

A la luz de las farolas me paseo y medito,

Como, en ocasiones, duele más todo lo que no es visto.

https://youtu.be/EBWMyfFrtKs

“Mañana ya te fuistes, pero antes me dijistes,

El futuro es hoy”

XX Judgement

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Otro ciclo que se acaba, otra era que comienza. Renacer de las cenizas, de las experiencias, de las risas y de los llantos. Un alma eterna que se renueva con experiencias y pequeñas chispas que la hacen vibrar. En esta ocasión más risas que llantos, más evolución que estancamiento. Nuevos ritmos, nuevas melodias para escuchar y deleitarse.

Otro año humano que llega a su fin, en el que no me queda otra que agradecer cada pequeño encuentro, cada ínfima vivencia que acumulada hacen este bagaje existencial más interesante y lleno de color. Dejar ir, dejar fluir todo aquello que nos encadena y nos retiene. Sacar el yo interior, el niño que tenemos olvidado, y hacerle jugar, divertirle. Nuevos estímulos, nuevos retos, nuevos juegos para que avance y aprenda.

Para este 2019, lleno de decisiones y proyectos, solo le deseo lo mejor a tod@s l@s que para bien o para mal hayan compartido y formado parte en algún momento de este fuego etereo que nos une, ilumina y nos hace crepitar.

Para mi yo del futuro, le hago este listado de propósitos para que cuando acabe el siguiente ciclo pueda leerme y dialogar con el yo presente, que a fin de cuentas es el único que existe. Dos caras de una misma moneda que no cesa de girar.

Propósitos 2019:

– Leer mínimo 1 libro al mes.
– Intentar 1 viaje por mes.
– Continuar y perfeccionar algún idioma.
– Conectar con mi yo interior. Fluir y experimentar.
– Retomar algún arte creativo.

Hypnotised – Years & Years

The siren soothes my mind.
Who am I going to be when the curtain is drawn?
In the cool, cool light, they whispered to me, “Take it all”.
Ooh ooh ooh Fortune said,
“Flowers bloom with no regret”

 

Estrellas

Sentado en la terraza, en el mismo lugar que hará diez años, vuelvo a mirar el cielo estrellado. La misma humedad recorre mis manos. El mismo suelo frío me conecta a la tierra. Me dejo llevar y le doy una calada al pitillo recién liado. Inspiro lentamente el veneno y cierro los ojos. Aguanto la respiración, pero libero mis pensamientos. Las ideas fluyen a borbotones y los sentimientos me hacen flotar como si estuviera en una piscina de cálidas aguas. Es curioso como pasa el tiempo. Expiro y libero el veneno. Observo como toma forma, como lenta y elegantemente se deja llevar por el viento en un mar de grises translucidos. Sonrío. Casi puedo sentirme a mi lado, hará casi diez años. Extiendo mi brazo y le ofrezco el cigarrillo recién liado pero al que solo le quedan tres cuartos. Sonríe, y lo acepta. Lentamente se lo lleva a la boca y le da una calada. Él también se sumerge en sus pensamientos. Se le nota por la solemnidad de su mirada, y en la forma en la que acto seguido cierra sus ojos. Es curioso verse de este modo, conectados en el tiempo y sentados el uno al lado del otro. Él, más joven. Con más pelo, más energía, más conectado con lo espiritual pero a su vez más inseguro, más ingenuo, más confiado e inexperto. Podría avisarle de lo que le espera. Darle consejos, escucharle, un abrazo quizás, pero sé, al mirarle, que no eso no es lo que quiere. Eso solo rompería el momento mágico que nos une. No sería quien soy ahora si lo hiciera, y él lo sabe. Pasado y futuro nunca conectarían, o no de ese modo en ese lugar al menos. Veo como su sonrisa se intensifica por unos segundos para luego dar paso al humo que se le escapa sigiloso y ágil en un hipnótico baile intangible de grises étereos. Me extiende el brazo y me devuelve el pitillo ahora ya por la mitad. Esta vez me toca sonreír a mi.

Antes de inhalar la siguiente calada, miro a las estrellas tal y como hacía hace diez años. Memorizo la imagen como si le hiciera una fotografía y cierro los ojos. El veneno fluye de nuevo en mi interior y de todos esos orbes brillantes que percibo escojo uno. Y en ese preciso instante, vuelvo a recordar la pregunta que me solía hacer hace diez años: -“Habrá alguien mirando la misma estrella que yo en este momento?”
Una lágrima me recorre la mejilla, pero no es tristeza esta vez, sino de sorprendente alegría. Alegría por haber evolucionado. Alegría por no haber cambiado un ápice. Alegría melancólica que exhalo dejando escapar todo ese humo que llevo dentro. De nuevo, me vuelvo a maravillar por el suntuoso y embriagador baile que ejecuta solo para nosotros. Luces y sombras que bailan en la oscuridad, guiadas por el viento y cuyos únicos espectadores son las estrellas y dos jóvenes aunados en la noche y en el tiempo.

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“No es un incendio vulgar,
Siento que es el rugir
de un animal.”

Grises – Animal

Dolircidad

Dolircidad en nuestros abrazos, 

Dolircidad en la distancia 

Dolircidad en el tiempo que fluye 

Salvaje e incontrolable. 
Dolircidad en tu mirada

Dolircidad en tus sonrisas 

Dolircidad en tu piel. 

Dolircidad en lo que hasta ahora era tu calor. 
Dolircidad al respirar, 

Dolircidad al reflexionar

Corazones que se expanden 

Corazones que se contraen. 

El fluir de la vida sigue con cada latido,

Macerando cada vivencia en un afrutado roble. 
Fracciones de segundo congeladas 

En besos sinceros y desinteresados

Alimentar el hambre que a la vez nos devora. 

Encender la mecha aún sabiendo que al final todo explota. 

Dolircidad, Dolircidad sin límites. 

Silencio

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